Bienvenido a QUMRÁN.Ser Judío no es pertenecer a una religión, es una misma forma de vida ante Di- y ante los demás...¡. . Los agravios que no se ventilan empeoran, y la supresión de identidad tribal y religiosa puede llevar a la violencia.. Somos una fuente de información con formato y estilo; Es evidente que, impresionantes números de personas mueren repetidamente cuando depositan su confianza en mentiras y mentirosos. Y casi siempre los mentirosos en el poder se encuentran en situaciones difíciles como consecuencia de su gran caso omiso de los hechos.....Laura Knight-Jadczyk

domingo, abril 05, 2020

martes, marzo 31, 2015

La Crucifixión en la historia


Los Evangelios no dicen nada de la forma de la cruz en que fue crucificado Jesús. ¿Era una cruz en forma de T, donde se ve la inicial de Tehos, Dios? ¿Una cruz de cuatro brazos? ¿Una cruz en Y? ¿Una cruz en aspa? La realidad es que los romanos no prevían ningún modelo reglamentario. Séneca explica en uno de sus escritos: “Veo delante mío cruces, no todas son iguales, varias según el maestro que las ha construido”
Una altura superior a los tres metros
La Cruz siempre se ha representado como muy grande, sin embargo, la realidad demuestra que no tenia una altura superior a los tres metros. Juan nos da su tamaño escrito al explicar: “...sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca”. La planta de hisopo no supera nunca el metro de altura, por lo que sí se quería llegar hasta la boca de Jesús, la cruz no podía ser superior a tres metros de altura.
La crucifixión es una muerte por asfixia
De cualquier forma la crucifixión es una muerte por asfixia, ya que un hombre crucificado tiene en suspensión los músculos de la espalda, los pectorales, los de los costados y los músculos intercostales, es decir todos los músculos respiratorios, una postura que impide, prácticamente respirar.
Duda
Sólo Juan explica que Jesús carga con la cruz hasta el Gólgota: “Y él cargando su cruz, salio al lugar llamado de la Calaver, y en hebro, Golgota” [Jn. 19:18]. Todo parece indicar que es más creíble que alguien ayudase a Jesús a llevar la cruz, ya que es difícil pensar que después de haber sido flagelado, le quedase fuerza para poder transportarla. Algunos estudiosos piensan que los soldados llevaron a Jesús, mientras Simón transportaba la cruz, ya que el verbo griego pherein significa llevar.
CRUCIFIXION
La crucifixión era el método de ejecución más despiadado que empleaban los romanos, reservado solo para esclavos y criminales. Consistía en fijar el reo a una cruz, atando sus manos y pies o de manera más cruel, traspasándolos con clavos. Los griegos y los romanos le añadieron al madero original, uno transversal llamado patibulum. Aunque los judíos no ejercían esta práctica, sabían que era colgar a alguien de un madero y la maldición especial que tenía, Dt. 21:22,23 Ahora veamos en que consistía realmente la crucifixión. Esta se dividía en dos partes: la pequeña muerte y la gran muerte. LA PEQUEÑA MUERTE: consistía en flagelar con azotes al reo antes de crucificarlo. Era llamada así por los romanos, pues los azotes a veces producían la muerte. El reo era maniatado a un poste y el verdugo le propinaba 39 latigazos, con un látigo de varias cuerdas que tenía pedazos de hueso y metal, arrancándole fragmentos de músculos, nervios y huesos, causándole indecible dolores. Seguidamente la víctima era forzada a llevar el madero hasta el lugar de ejecución.
LA GRAN MUERTE
Es la crucifixión propiamente dicha, cuyo fin era producir una muerte lenta. El sufrimiento de Jesús, sumado a la vergüenza y escarnio público, fueron tales que sólo duró seis horas en la cruz. Según el Salmo 22, el Señor Jesucristo atravesó por ocho tormentos, veamos:
·         1. Los clavos: “ me han traspasados las manos y los pies “. Sal.22,16. Los soldados romanos fijaron a Jesús en la cruz utilizando clavos de 12 cm. De largo y 2cm. de espesor.
·         2. El sedil : Soporte de madera que tenía la forma y el tamaño de un cuerno de rinoceronte, el cual se fijaba en el madero , y servia para sostener el torax del crucificado a manera de asiento: Tal objeto cavaba profundamente en los genitales, produciendo indecibles dolores.
·         3. Descoyuntamiento de las articulaciones. Sal. 22,14. El golpe seco que se produjo al levantar la cruz sobre un orificio cavado en tierra causó tal sacudimiento del cuerpo de Jesús, que sus huesos se descoyuntaron.
·         4. Endurecimiento de las articulaciones: La posición incomoda, el peso del cuerpo y el afán de dar descanso a brazos y piernas, producían endurecimiento en las articulaciones por el desecamiento del líquido articular, le generaba terribles calambres.
·         5. Sed extrema: Generada por la deshidratación debido a la perdida de sangre y el ardiente sol. “ Se ha secado mi vigor como una; la lengua se me pega al paladar “ Sal. 22,15. Jesús estuvo colgado 6 horas en la cruz y durante 3 horas recibió rayos solares que caen con más intensidad. 6. Infección de las heridas: los mosquitos, moscas y otros insectos invadían las llagas, originando infecciones tales como tétano, tifus entre otros. 7. Corazón destrozado por la lanza: “ Mi corazón fue como cera derritiéndose en medio de mis entrañas “. Sal. 22,14. 8. Tortura de las corneas: Jesucristo fue crucificado de cara al sol y los rayos aunque apretaba los ojos los rayos penetraban sus ojos.

Para Mircea Eliade, es con la aparición de la agricultura donde surge el sacrificio cruento. La observación de los ciclos agrícolas comprende que la vida como creación implica una transferencia de la misma. A través del sacrificio, se proyecta la energía y la vida de la víctima sobre la obra que se pretende crear.
El sacrificio no es necesariamente sinónimo de inmolación. Etimológicamente viene de la palabra latina sacrificium, significa “acción sagrada”. El sacrificio remite a la introducción del hombre al dominio de lo sagrado y se puede definir el sacrificio como el acto que apunta al doble fin: hacer un don a Dios y santificar o purificar al hombre.
Juan Calvino y el sacrificio
 En la cruz, entonces y, sin duda, todos aceptamos esto, Cristo soportó el castigo, y procuró la salvación. La pregunta ahora se levanta: ¿por quién soportó el castigo?, y ¿para quién procuró la salvación? Hay tres avenidas por las cuales se puede viajar respecto a esto:
1. Cristo murió para salvar a todo hombre, sin distinción. 2. Cristo murió para salvar a nadie en particular. 3. Cristo murió para salvar a cierto número.
El primer punto de vista es el sostenido por “Universalistas” a saber: Cristo murió para salvar a todos los hombres, y así, muy lógicamente, asumen que todos los hombres serán salvos. Si Cristo ha pagado la deuda del pecado, ha salvado, rescatado, dado Su vida, por todos los hombres; entonces, todos los hombres serán salvos. El segundo punto de vista implica que Cristo procuró una salvación potencial para todos los hombres. Cristo murió en la cruz, pero aunque pagó la deuda de nuestros pecados, su obra en la cruz no es eficaz hasta que el hombre se “decida por” Cristo y, de ese modo, sea salvo.
El tercer punto de vista dice que Cristo murió positiva y efectivamente para salvar a cierto número de pecadores que merecían el infierno, en quienes el Padre había puesto su libre elegible amor. El Hijo paga la deuda por estos elegidos, hace satisfacción por ellos a la justicia del Padre, e imputa Su propia justicia a ellos, para que sean completos en Él.
La tercera de esas alternativas es la que está más de acuerdo a la Biblia: Cristo murió para salvar a un número particular de pecadores; esto es, a aquellos que “según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo” [Efe. 1:4]; aquellos a quienes el Padre “Le ha dado del mundo [Juan 17:9]; aquellos por quienes Él mismo dijo que derramaba su sangre: “Porque, esta es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.” [Mat. 26:28]
Esta última vista hace justicia al propósito de Cristo de venir a esta tierra a morir en la cruz. “Llamarás su nombre Jesús, porque salvará a Su pueblo de sus pecados.” [Mateo 1:21]. Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas. [Juan 10:11]; Nadie tiene mayor amor que este, que alguno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciéreis las cosas que yo os mando. [Juan 15:13,14]; Jesús “amó a la Iglesia y se entregó a Sí mismo por ella”. [Efe 5:25]. “El cual fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación. [Rom. 4:25]. “Por Su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y Él llevara la iniquidad de ellos [Is. 53:11]. Y ¿cuándo efectúa esto?, mientras cuelga en la cruz, dice el profeta Isaías en el capítulo 53 de su profecía, “verá el fruto de Su propia aflicción y se dará por satisfecho”. El padecimiento de Su alma, mientras derrama Su sangre en ofrenda por nuestros pecados, produce hijos espirituales para la gloria de Su nombre, y se dará por satisfecho cuando vea esta obra completada.


La doctrina de la cruz.


La doctrina de la cruz. 1 Corintios 1, 18. Hablar de la cruz o la doctrina concerniente a la cruz; es hablar de la doctrina que proclama al mundo perdido la salvación por medio de la crucifixión de Cristo. Ante la predicación de ese evangelio siempre habrán dos clases de hombres: Los incrédulos y los contradictores, que perecen, y los creyentes obedientes, que están en estado de salvación (Isaías 29, 14 al 16). Los sabios judíos, los maestros y los escribas y cualquiera que defendiera las tradiciones judías o busca sentidos alegóricos, místicos y cabalistas a las Sagradas Escrituras, llevado más por la sabiduría humana que por la espiritual, consideraban que la predicación de Cristo crucificado era locura y los gentiles hacían eco de la expresión en oposición a las doctrinas propias de los judíos no cristianos las cuales ellos mismo llamaban sabiduría. No es por la locura que Dios salva al mundo, sino por ese evangelio que ellos llaman locura, y que en realidad, era la verdadera salvación.  La locura era la verdadera sabiduría de Dios también, el poder de Dios para salvación de los que creen.

Los judaizantes querían mantener la circuncisión por encima de la crucifixión y por un mal entendido entran en discusión con el Apóstol San Pablo sobre dicho tema y es cuando el enfatiza la necesidad de predicar la salvación por medio del sacrificio de Cristo en la cruz, aunque ello implique la enemistad de los Judíos y la cruz se convierta en un tropezadero para ellos, al quedar por encima de la circuncisión. La mejor solución al mencionado problema era la excomunión de los que producían tal confusión. (Gá. 5, 11). El problema no es la cruz, es la aceptación de la supresión de la circuncisión como rito de iniciación  superado ahora por la nueva doctrina de la Gracia. (Fe, bautismo). Tampoco el cristianismo se puede acomodar al parecer de otros, por temor ha ser criticados o rechazados por ellos como sucedía a los judíos convertidos en la iglesia de Galacia. (Gá. 6, 12 al 14).

 La cruz aunque era tropezadero para algunos y vergüenza para otros, lo que sino se podía negar era su sentido por ser el lugar a través del cual Dios ahora establecía  un solo cuerpo entre Judíos y gentiles por medio de la muerte de Jesús y los reconciliaba con Él, en muestra de su buena disposición para perdonar y salvar tanto a judíos como a gentiles, y para algunos judíos aunque convertidos, su estreches religiosa no se los permitía comprender de un todo (Ef. 2, 16 y 17; Fil. 3, 18).


Jesús conocía la Tora y sabia que sufrir la muerte de cruz lo colocaba entre dicho ante los suyos como un maldito malhechor y más cuando había predisposición hacia Él y ante cualquiera nueva doctrina que no enmarcara entre las ya existentes (Dt. 21, 22 y 23). He ahi el valor del verdadero amor por nosotros al sufrir muerte de cruz y no comprenderlo es un pecado y nos colocamos en la misma posición judía. El Resto lo sabemos y lo comprendemos bajo la enseñanza del Espíritu santo. Gracias a Dios y a su amor ahora tenemos por su muerte en la cruz y resurrección un Salvador y Mediador a la derecha del padre.  Hebreos:
12:1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 
12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. 
12:3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. 



Siervo

miércoles, mayo 09, 2012

El significado espiritual de la Parusía



Para la fe del cristiano, la Parusía del Señor posee cuatro significados especiales, tanto para cada uno de nosotros como para el mundo en general:
1. La victoria definitiva de Cristo sobre el demonio y el mal:
“Entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la manifestación de su Venida” (2ª. Tesalonicenses 2:8).
2. La victoria definitiva sobre la muerte:
En efecto, el día de la Parusía habrá la resurrección de los muertos. “El mismo Señor bajará del cielo con clamor, en voz de arcángel y trompeta de Dios, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivimos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires, y así estaremos siempre con el Señor” (1ª. Tesalonicenses 4:16-17). “El ultimo enemigo en ser destruido será la Muerte” (1ª. Corintios 15:26).
3. El juicio definitivo sobre la humanidad y el mundo:
Para cada uno de nosotros, el juicio se realizará al final de nuestra vida terrenal. Inmediatamente después de nuestra muerte seremos puestos en una situación definitiva de salvación o de condenación.
Sin embargo, el juicio sobre los pueblos y el mundo entero se dará al final, donde se manifestarán las consecuencias de las acciones de los hombres; la suma total del bien y del mal. El Juicio Final no cambiará la situación de cada uno, pero sí que habrá un aumento intensivo de bienaventuranza o de sufrimiento: cada uno participará del premio o del castigo con la totalidad de su ser, con el cuerpo resucitado y con la plenitud de los hermanos. “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras” (Apocalipsis 20:11-12).
4. La restauración del cosmos:
La creación misma participará en la gloria de los hijos de Dios. El tema es presentado en el Nuevo Testamento a través de dos imágenes: la de la Nueva Jerusalén (Gálatas 4:26) y la de los nuevos cielos y la nueva tierra, en los que habite la justicia (2ª. Pedro 3-13).

Pero en el libro del Apocalipsis las dos imágenes están juntas: “Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron y el mar no existe ya. Y vi la ciudad santa, la Nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo” (Apocalipsis 21:1-2).
No sabemos cómo serán estos cielos nuevos y la tierra nueva. Lo que sí es cierto es que el cristianismo es una religión de salvación integral; del hombre, de su cuerpo y de la creación entera.
“Dice el que da testimonio de todo esto: ‘Sí, vengo pronto’. Amén. Ven Señor Jesús. Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén”

Actitud del cristiano ante la Parusía



El Nuevo Testamento presenta toda la historia humana proyectada hacia el punto final, que es la Parusía del Señor. Cuál debe ser la actitud del cristiano ante este acontecimiento último y decisivo?
1. El cristiano debe considerar la Parusía con confianza y con esperanza, sin tenerle miedo alguno. Muchos cristianos actuales no quieren una aceleración de la Parusía ya que la consideran un acontecimiento triste que debe ser alejado. En cambio, los primeros cristianos invocaban la llegada de la Parusía considerándola como un acontecimiento alegre y feliz.
Nuestra celebración eucarística es siempre espera y anuncio de la Parusía. Celebrando la Eucaristía anunciamos la muerte del Señor hasta que venga. También en el Padrenuestro decimos venga tu Reino. La vida cristiana se caracteriza por este dinamismo escatológico, por esta proyección hacia el futuro, que no es otra cosa sino la esperanza en su venida y en nuestra salvación.
2. Esperando la Parusía, el cristiano debe intensificar cada día más su pertenencia a Cristo mediante el desprendimiento de su propio egoísmo y del mundo, imponiéndose con ello una vida nueva totalmente centrada en el amor.
El cristiano debe ser consciente de que no tiene en este mundo su hogar permanente, ya que su patria es el cielo: “Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).
3. La vigilancia es otra característica importante de la espera del cristiano, quien debe estar siempre despierto como el siervo a la espera del dueño (Lucas 12:35ss). No debe dejarse dominar por el sueño y el cansancio, como en el caso de las vírgenes insensatas (Mateo 25:1ss). El cristiano es una persona que siempre debe estar alerta contra sus debilidades y las tentaciones del mundo y del enemigo: “Velad, pues, porque no sabéis que día vendrá Nuestro Señor… Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis vendrá el Hijo del hombre” (Mateo 24:42-44). Pero también pensemos que esta vigilancia es objeto de bienaventuranza: “Dichosos los siervos a quienes el Señor, al venir, encuentre despiertos” (Lucas 12:37).

Las señales de la Parusía


Según el Nuevo Testamento, la Parusía estará precedida por varias señales descriptivas, las cuales debemos considerar con toda atención. Estas señales son:
1. La predicación del Evangelio en todo el mundo:
“Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).

2. El éxito temporal de la apostasía o del anticristo:
“Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición” (2ª. Tesalonicenses 2:3).
3. La aparición de falsos cristos y de falsos profetas:
“Jesús empezó a decirles: mirad que no os engañe nadie. Vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo ‘yo soy’, y engañarán a muchos” (Marcos 13:5-6).
4. La persecución de los discípulos:
“Y cuando os lleven para entregaros, no os preocupéis de que vais a hablar, sino hablad lo que se os comunique en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablareis, sino el Espíritu Santo. Y entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi Nombre, pero el que persevere hasta el fin, éste se salvará” (Marcos 13:11-13).
5. Guerras, terremotos y carestías en el mundo:
“Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os alarméis; porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin. Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá terremotos en diversos lugares; habrá hambre: esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento” (Marcos 13:7-8).
6. Gran tribulación:
“El que esté en el terrado no baje ni entre a recoger algo de su casa, y el que esté por el campo no regrese en busca de su manto. Ay de aquellas que estén encinta o criando en aquellos días! Orad para que no suceda en invierno. Porque aquellos días habrá una tribulación cual no la hubo desde el principio de la creación que hizo Dios, hasta el presente, ni la volverá a haber” (Marcos 13:14-19).
7. Catástrofe cósmica:
“Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria” (Mateo 24:29-30).

Por todo lo anterior, cuando el cristiano ve terremotos, guerras, aparición de falsos profetas, calamidades naturales, etc., todo esto le recuerda que la Parusía del Señor es segura y que es necesario velar y estar siempre preparados.

El tiempo de la Parusía



El tiempo de la Parusía
Para unos Jesús predicó claramente que la generación que le vio morir sería la misma que le vería volver, y así fue efectivamente debido a su Resurrección al tercer día. Sin embargo los apóstoles Pedro y Pablo en sus epístolas o cartas, claramente consuelan a los creyentes por la tardanza de la Parusía o segunda venida de Cristo, lo cual denota que desde ese tiempo los primeros cristianos estaban esperando su regreso. Pero en realidad Jesús estaba hablando en el contexto de las señales del fin de los tiempos.
En realidad la fecha de la Parusía es un secreto del Padre, y el propio Cristo quiso dejar a sus seguidores en la ignorancia en este aspecto: “Mas de aquel día y hora nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Marcos 13:32). No debemos perder el tiempo calculando la fecha en que se producirá la Parusía; mas bien debemos invertirlo en prepararnos adecuadamente. Recordemos que la cronología de Dios no es la cronología de los hombres: “Ante el Señor un día es como mil años y mil años como un día” (2ª. Pedro 3:8).
Lo que sí es cierto es que la Parusía llegará de repente, cuando nadie la espera: “En lo que se refiere al tiempo y al momento, hermanos, no tenéis necesidad de que os escriba. Vosotros mismos sabéis perfectamente que el día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan ‘paz y seguridad’ entonces, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores del parto a la que está encinta, y no escaparán” (1ª. Tesalonicenses 5:1-3).

Las dos Parusías


Etimología
La palabra Parusía, en el griego koiné hablado en tiempos de Jesús, es la forma del participio presente del verbo pareimi, que significa hacerse presente, e indica la venida y la presencia activa y eficaz de alguien en un determinado lugar. En aquella época esta palabra se usaba principalmente para referirse a la presencia de visitantes en misión oficial o de la realeza.
Por ello en el cristianismo Parusía significa la venida de Cristo, el acontecimiento esperado en el fin de los tiempos. Es el sunteleia ton a ionos o la consumación de las épocas ; la segunda venida de Cristo a la tierra, cuando El se manifestará gloriosamente.
Las dos Parusías
Hasta nuestros días se ha producido una sola venida de Cristo, la primera, ocurrida en su nacimiento. Por ello la palabra Parusía se identifica con su segunda venida.
La primera venida se realizó en la humildad, cumpliéndose así las palabras de Pablo de Tarso a los gálatas: “Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley” (Gálatas 4:4). Su gloria está desde entonces presente entre nosotros, manifestándose en ocasiones en la señales, y confirmando así las palabras de Juan el Evangelista: “Hemos contemplado su gloria” (Juan 1:14).
La segunda venida, en cambio, se realizará con una manifestación total de su gloria divina, como una nueva manifestación de Cristo resucitado y, con ello, será una venida gloriosa. El Nuevo Testamento utiliza la imagen del relámpago: “Vendrá como un relámpago, encima de las nubes del cielo, con sus ángeles” (Mateo 24:27-30). Con su venida Jesús inaugurará una nueva era, la de la salvación definitiva: “Cristo se aparecerá

por segunda vez, sin relación ya con el pecado, a los que le esperan para su salvación” (Hebreos 9:28).
Entre la primera y la segunda venida de Cristo esta el tiempo de la Iglesia; un tiempo de espera y de lucha con la esperanza puesta en la salvación.

martes, noviembre 29, 2011

La Biblia demanda profunda interacción.

Los autores de esos escritos expresaron su vivencia de los hechos, más que los hechos en sí mismos, por lo que sus relatos no pueden ni deben pensarse como históricamente exactos, aunque sí son teológicamente verdaderos en cuanto que transmiten una experiencia única de fe. La vida humana, en toda su complejidad, es el lugar teológico de encuentro con Dios. Y Dios se revela en la Biblia porque se encarna en ella. Un relato puede presentar inexactitudes históricas o geográficas, tal como es posible observar en los diferentes evangelios. Sin embargo son del todo verdaderos en cuanto a la vivencia que transmiten. Dios envía y nos transmite una historia viva: Cristo Jesús.
La propuesta cristiana nace de una experiencia concreta: el encuentro personal con Jesús resucitado. Una experiencia que afecta de tal modo a los que la tienen, que se siente la necesidad ineludible de comunicarla y testimoniarla a otros ya que da luz al sentido total de la existencia. Testimonio y anuncio: es la proclamación, el Kerygma, que es la invitación para generaciones futuras a vivir la misma experiencia, a transmitirla y a testimoniarla.
Pero para que el testimonio y la transmisión de esa experiencia sea real, hay que saber descubrir lo que el texto significaba entonces, la exégesis, y lo que significa ahora, o sea, la hermenéutica. El Espíritu Santo que inspiró a los autores de las narraciones, es el mismo que da luz ahora para crecer en capacidad de ahondamiento. Es el mismo que posibilita ahora entender las llamadas que hay en aquellos textos y aplicarlas a las realidades específicas del momento actual, convirtiéndolas en palabra de Dios para nuestros días.
Las Escrituras fueron compuestas como narraciones, de acuerdo a las circunstancias del pasado y en el lenguaje y las imágines adecuadas a aquellos momentos, por lo cual resulta obvia la necesidad de actualizarlas; no en su contenido, sino en su interpretación y expresión. Es preciso saber obtener el significado profundo y, por ello verdadero, de los contenidos esenciales capaces de iluminar la existencia en la situación presente, de acuerdo con la voluntad de Dios manifestada en Cristo Jesús.
No tenemos por qué escuchar la Palabra como algo que suene extraño a nuestros oídos, sino que hay que oírla con el corazón, como lo más entrañable, como aquello que resuena en lo más íntimo de nuestro ser, pero que es comprensible para nosotros. La Palabra refleja y nos da lo más auténtico, lo único real de nuestro estar en el mundo. El texto bíblico es como una partitura musical que está muerta hasta que se le arranca el sonido y se le despiertan las notas. Y esta eclosión se da cuando palabra y vida se funden en una profunda interacción.
Si la Palabra fue dictada por Dios mismo, El es el autor de las Escrituras. Y eso lo convertimos y confirmamos en cuestión de fe cuando después de la lectura de los textos correspondientes a cada celebración eucarística, asentimos fervorosamente a lo que acabamos de escuchar diciendo que es Palabra de Dios. En cada lectura Dios nos habla como lo ha ido haciendo desde los albores de los tiempos. Para cada uno de nosotros y para toda la comunidad cristiana, estos textos tienen el carácter de lo dicho por Dios. Así lo creemos con toda certeza y así debemos vivirlo.
Por todo ello, y por el solo hecho de saber que el contenido de la Palabra no debe ser modificada ni podemos añadir otras palabras diferentes a las que ya contiene en sí misma, debemos poner en marcha un progreso imparable en su profundización y en su comprensión. La revelación es permanente, pero no estática; es la manera de transmitir el mensaje invariable lo que está sujeto a una continua evolución. 

Para que los textos de los Libros Sagrados continúen siendo para nosotros Palabra de Dios, se impone la tarea de la interpretación actualizada de su contenido. Hay que aprender a descubrir. No es lo mismo simplemente leer o mirar, que ahondar en lo que se ve o se lee. Y hacer hablar un texto para descubrir nuevas profundidades en su mensaje requiere con frecuencia audacia y algo de riesgo. Hay que saber discernir y saber descubrir. Un texto es algo vivo y nunca dice todo en un primer momento. Está lleno de valores culturales, de escenarios mentales y de enfoques de la vida que, de no conectar con sus lectores, no puede llegar a ser palabra de salvación.
Reinterpretar la Palabra es ser fieles a su contenido, pero a la palabra hay que dejarla ser, y para ello necesita ser dicha de manera nueva y siempre actual hasta el final de los días, ya que la revelación encierra una verdad siempre mayor, siempre n un más allá. Ya no es posible, aunque se quiera, seguir viviendo la Palabra como un dictado inmovilizante. La fidelidad en la transmisión del depósito de la fe contenido en la Palabra de Dios exige ideas y expresiones verdaderamente nuevas porque la vida del cristiano es una vida constantemente renovada por la de Cristo.
El Espíritu Santo es quien da a conocer y ayuda a descifrar los misterios y la voluntad de Dios y sopla donde quiere y como quiere, sin que nada ni nadie pueda ser capaz de impedirlo, y bajo su asistencia la plenitud de la verdad llegará en la medida en que el Evangelio y la vida del cristiano subsistan en la más profunda relación y vivencia.

La Biblia como memoria de un pueblo


La memoria es el presente del pasado, dice San Agustín. Todos necesitamos recuerdos para saber quiénes somos. Necesitamos recordar, rememorar y actualizar lo recordado. La memoria es de tal forma necesaria en nuestra vida personal y social, que ha tenido que surgir la escritura para fijar los recuerdos de forma eficaz y permanente. La memoria no es sólo almacén del pasado, sino que es también puerta abierta al futuro, pues es la base para la creatividad. Y así nació la Biblia: experiencia, pensamiento, memoria, relato y acción. Es un testimonio expresado con apasionada intensidad; el relato emocionante de un pueblo habitado por el deseo de Dios.
El Antiguo Testamento es el compendio de distintos libros que narran de muy diversas maneras cómo, en una cultura y región concretas, en la cuenca del Jordán y en el principio de los tiempos, hubo un pueblo, Israel, un pequeño grupo de hombres y mujeres que tuvieron una experiencia única y totalizante de una Presencia que se les revela y se les manifiesta en donación personal, y que les hace descubrir que son elegidos y consagrados por un Dios liberador.
Desde una experiencia religiosa común llenaron el principio de significados y empezaron a narrar los acontecimientos que les daban raíces. Para Israel hubo acontecimientos tan determinantes en su historia, que no podían ser silenciados. Por ello se sintió impulsado a elaborar historias, recitadas oralmente en un principio, repetidas una y otra vez después, descubiertas e interpretadas en sucesivas profundizaciones. Más tarde y esporádicamente, en un largo caminar de fidelidades y de infidelidades, de encuentros y desencuentros, de ahondamientos y de actualizaciones, de afinamiento en la percepción de este Dios y del tipo de conducta que se derivaban de ello. Fijaron por escrito esas narraciones para que el testimonio de aquella Alianza liberadora fuera perenne y pasara de generación en generación.
Con ello los autores de las Escrituras, hombres y mujeres de épocas arcaicas, pasaron a ser testigos de la memoria de la acción de Dios en medio de ellos, y sus historias se constituyeron en punto de referencia ineludible para el futuro, hasta el final de los tiempos. Hicieron un viaje por los recuerdos y pasaron del descubrimiento de la Presencia del Dios vivo en su historia personal y como pueblo, al progresivo ahondamiento en la comprensión de lo ya vivido, tanto en lo que se refería al paso de Dios por sus vidas, como de los modos de conducta que la Alianza trataba de suscitar en ellos. Su historia, como toda historia humana, es la constatación de la infidelidad humana y del mantenimiento de la promesa por parte de Dios y de su fidelidad hacia nosotros.

miércoles, noviembre 02, 2011

La doctrina de la cruz.











La doctrina de la cruz. 1 Corintios 1, 18. Hablar de la cruz o la doctrina concerniente a la cruz; es hablar de la doctrina que proclama al mundo perdido la salvación por medio de la crucifixión de Cristo. Ante la predicación de ese evangelio siempre habrán dos clases de hombres: Los incrédulos y los contradictores, que perecen, y los creyentes obedientes, que están en estado de salvación (Isaías 29, 14 al 16). Los sabios judíos, los maestros y los escribas y cualquiera que defendiera las tradiciones judías o busca sentidos alegóricos, místicos y cabalistas a las Sagradas Escrituras, llevado más por la sabiduría humana que por la espiritual, consideraban que la predicación de Cristo crucificado era locura y los gentiles hacían eco de la expresión en oposición a las doctrinas propias de los judíos no cristianos las cuales ellos mismo llamaban sabiduría. No es por la locura que Dios salva al mundo, sino por ese evangelio que ellos llaman locura, y que en realidad, era la verdadera salvación.  La locura era la verdadera sabiduría de Dios también, el poder de Dios para salvación de los que creen.


Los judaizantes querían mantener la circuncisión por encima de la crucifixión y por un mal entendido entran en discusión con el Apóstol San Pablo sobre dicho tema y es cuando el enfatiza la necesidad de predicar la salvación por medio del sacrificio de Cristo en la cruz, aunque ello implique la enemistad de los Judíos y la cruz se convierta en un tropezadero para ellos, al quedar por encima de la circuncisión. La mejor solución al mencionado problema era la excomunión de los que producían tal confusión. (Gá. 5, 11). El problema no es la cruz, es la aceptación de la supresión de la circuncisión como rito de iniciación  superado ahora por la nueva doctrina de la Gracia. (Fe, bautismo). Tampoco el cristianismo se puede acomodar al parecer de otros, por temor ha ser criticados o rechazados por ellos como sucedía a los judíos convertidos en la iglesia de Galacia. (Gá. 6, 12 al 14).

      La cruz aunque era tropezadero para algunos y vergüenza para otros, lo que sino se podía negar era su sentido por ser el lugar a través del cual Dios ahora establecía  un solo cuerpo entre Judíos y gentiles por medio de la muerte de Jesús y los reconciliaba con Él, en muestra de su buena disposición para perdonar y salvar tanto a judíos como a gentiles, y para algunos judíos aunque convertidos, su estreches religiosa no se los permitía comprender de un todo (Ef. 2, 16 y 17; Fil. 3, 18).


Jesús conocía la Tora y sabia que sufrir la muerte de cruz lo colocaba entre dicho ante los suyos como un maldito malhechor y más cuando había predisposición hacia Él y ante cualquiera nueva doctrina que no enmarcara entre las ya existentes (Dt. 21, 22 y 23). He ahi el valor del verdadero amor por nosotros al sufrir muerte de cruz y no comprenderlo es un pecado y nos colocamos en la misma posición judía. El Resto lo sabemos y lo comprendemos bajo la enseñanza del Espíritu santo. Gracias a Dios y a su amor ahora tenemos por su muerte en la cruz y resurrección un Salvador y Mediador a la derecha del padre.  Hebreos:
12:1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 
12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. 
12:3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. 

lunes, octubre 17, 2011

Visión católica sobre la Biblia

L A B I B L I A
Etimología
La palabra Biblia se origina, a través del latín, en la expresión griega ta biblia ta haguia; (los libros sagrados), acuñada por vez primera en 1º. Macabeos 12:9. Biblion es el plural y significa papiro o rollo, usado también para libro. Se cree que este nombre nació como diminutivo del nombre de la ciudad de Biblos, importante mercado de papiros de la antigüedad. Esta frase fue empleada por los hebreos helenizados (aquellos que habitaban en ciudades de habla griega) mucho tiempo antes del nacimiento de Jesús de Nazaret para referirse al Tanaj o Antiguo Testamento. Muchos años después empezó a ser utilizada por los cristianos para referirse al conjunto de libros que forman el Antiguo Testamento, así como a los Evangelios y a las cartas apostólicas, es decir, el Nuevo Testamento. Ya como un título, se empezó a utilizar en latín biblia sacra (los libros sagrados) sin artículo, dado que éste no existía en latín. Sin embargo, al ser biblia un cultismo en latín, acabó pasando de considerarse un plural neutro a un femenino singular (la sagrada Biblia), entendiendo ya Biblia como el nombre propio de todo el conjunto. A través del latín se derivó a la gran mayoría de las lenguas modernas.

Libros canónicos del judaísmo y del cristianismo

Historia
La Biblia, es el conjunto de libros canónicos del judaísmo y del cristianismo. La canonicidad de cada libro varía dependiendo de la tradición adoptada. Según las religiones judía y cristiana, la Biblia transmite la palabra de Dios. La Biblia, o al menos parte de ella, se encuentra traducida a 2.303 idiomas.
La Biblia es considerada un libro sagrado por varias de las religiones de occidente, pero no todo el material que contiene es de carácter religioso, (incluye genealogías, censos, leyes civiles, actos administrativos, etc.) sino que tiene valor histórico y literario. Es un conjunto de libros cuyo número varía según el canon.
La Biblia es una compilación de textos que en un principio eran documentos separados, llamados libros, escritos primero en hebreo, arameo y griego durante un dilatado período de tiempo y después reunidos para formar el Tanaj, que es el Antiguo Testamento para los cristianos, y luego el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman la Biblia cristiana. En sí la Biblia fue escrita a lo largo de aproximadamente 1000 años (900 a. C. - 100 d. C.). Los textos más antiguos se encuentran en el Libro de los Jueces (Canto de Deborah) y en las denominadas fuentes "E" y "J" de la Tora o Pentateuco, que son datadas en la época de los dos reinos (siglos X a VIII a. C.). El libro completo más antiguo, el de Oseas, es también de la misma época. El pueblo judío identifica la Biblia con el Tanaj, no consintiéndose bajo ningún concepto el término Antiguo Testamento, y no acepta la validez del llamado Nuevo
Testamento, reconociéndose como texto sagrado únicamente al Tanaj.
El canon católico romano de la Biblia que conocemos hoy fue sancionado definitivamente en el Concilio de Hipona en el año 393 de nuestra era, ratificado en el Concilio de Cartago en el año 397 y luego nuevamente confirmado por decreto en la cuarta sesión del Concilio de Trento del 8 de abril de 1546.
Ninguna de estas decisiones fue reconocida ni asumida entre los protestantes, surgidos a partir del Siglo XVI, ni por distintas denominaciones paraprotestantes, surgidas a partir del
Siglo XIX. El Canon de las Biblias Cristianas Ortodoxas es aun más amplio que el Canon de las Biblias Católicas Romanas, e incluye el Salmo 151, la Oración de Manasés, el Libro III de Esdras y el Libro III de los Macabeos.
El canon católico incluye 73 Libros, de los cuales 46 pertenecen al Antiguo Testamento y 27 al Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento están incluidos los llamados Libros Deuterocanónicos, que no son aceptados ni por el judaísmo ni por el protestantismo. Son los Libros de Tobías, Judit, 1º. Macabeos, 2º. Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc.
El Antiguo Testamento narra principalmente la historia de los hebreos; el Nuevo Testamento la vida, muerte y resurrección de Jesus, su mensaje y la historia de los primeros cristianos.
El Nuevo Testamento fue escrito en lengua griega koiné. En él se cita con frecuencia al Antiguo Testamento de la versión de los Setenta (o Septuaginta), traducción al griego del Antiguo Testamento realizada en Alejandría en el siglo III a. C.
La Biblia es para los creyentes la palabra de Dios, por ser indudable para éstos su inspiración divina. Es un libro eminentemente espiritual y habla sobre la historia de la humanidad, su creación, su caída en el pecado y su salvación, y expone cómo el Dios creador se ha relacionado, se relaciona y se relacionará con el ser humano. De igual forma, la Biblia expone los atributos y el carácter de Dios.
Para los creyentes, la Biblia es la principal fuente de fe y doctrina en Cristo. En el Siglo XVI los diferentes movimientos de la Reforma Protestante comenzaron a experimentar un alto desgaste en discusiones filosóficas y a separarse unos de otros. Para menguar este problema se definió el principio llamado sola escritura, que significa que solamente la Biblia puede ser considerada fuente de doctrina cristiana. Para la Iglesia Católica Romana, además de la Biblia también son fuente doctrinal la tradición, las enseñanzas de los Padres de la Iglesia (discípulos de los Apóstoles), y decisiones emanadas de Concilios. Esta divergencia entre cristianos se intensificó al asumir la Iglesia Católica Romana la idea de que el Papa, como único sucesor de Pedro y, consecuentemente, custodio y depositario de las llaves del Reino de los Cielos, debía ser infalible en asuntos de fe, moral y doctrina cristiana (Dogma de la Infalibilidad Papal). Los cristianos protestantes rechazan esta aseveración y consideran como cabeza única de la iglesia a Jesus de Nazaret. Para ambas partes esta gran diferencia ya no es considerada tan solo en términos filosóficos o religiosos, sino como designios divinos plasmados y asentados en la Biblia misma.
Para los Judíos Ortodoxos el Nuevo Testamento, por supuesto, no tiene validez. El rabínico considera como fuente de doctrina el Talmud, mientras los Caraítas defienden desde el siglo VIII el Tanaj como única fuente de fe.

Estructura de la Biblia

Estructura
Un libro de la Biblia es un grupo establecido de escrituras. Por ejemplo, el libro de Salmos (en hebreo Tehilim o Canciones de alabanza) tiene 150 canciones (151 en la versión de los Setenta), mientras que la Epístola de Judas es una carta de media página.
La Biblia hebrea o Tanaj está dividida en tres secciones: los cinco libros de Moisés (la Ley o Tora), los libros escritos por los profetas hebreos (los Profetas o Nevi'im) y unos libros que
no entran en ninguna de las dos categorías anteriores (las Escrituras o Ketubím); éstos son conocidos como hagiógrafas o simplemente las Escrituras.
La Biblia judía fue escrita predominantemente en hebreo, pero tiene algunas pequeñas partes que fueron escritas en arameo. En la Biblia cristiana, la Biblia hebrea es llamada Antiguo Testamento, para distinguirla del Nuevo Testamento, que es la parte que narra la vida de Jesús y su predicación, entre otras cosas. El Nuevo Testamento está dividido en los cuatro Evangelios, Historia (Hechos de los Apóstoles), las Cartas a iglesias cristianas por Pablo y otros apóstoles, y el Apocalipsis.
Las Biblias cristianas contienen la totalidad del Tanaj o Antiguo Testamento, junto con un grupo de Escrituras posteriores conocidas como el Nuevo Testamento. Dentro del cristianismo no hay acuerdo completo sobre el número exacto de libros que debe tener (con igual reconocimiento) el Antiguo Testamento, es decir, sobre su canon.
Hasta el siglo XVI se mantuvo en Occidente la traducción latina de San Jerónimo conocida como la Vulgata (proveniente del latín vulgar), que incorporaba tanto el canon judío como escritos de la Septuaginta griega. Con la Reforma protestante, Martin Lutero cuestionó la necesidad de mantener los libros apócrifos junto a los del canon judío y los agrupó como un apéndice edificante al final de su traducción al alemán de la Biblia. La Iglesia Católica Romana confirmó, sin embargo, el canon de la Biblia de los Setenta y de la Vulgata en el Concilio de Trento (1545-1563), reconociendo y confirmando la canonicidad de algunas escrituras cuestionadas por Lutero, que desde ese mismo siglo comenzaron a ser llamados Deuterocanónicos, concepto introducido por Sixto de Siena, que significa literalmente segundo canon, a los cuales las iglesias orientales también reconocen plena canonicidad, agregando también otros libros que se encuentran en códices antiguos, como III y IV Macabeos y la Oración de Manasés. La Iglesia Ortodoxa Etíope acepta asimismo el Libro de Enoc como canónico. En cuanto al resto de los libros, no hay disputa alguna y todos los grupos cristianos tienen los mismos libros en el Nuevo Testamento de la Biblia.

Canon bíblico desde el catolicismo

Biblia.
Canon bíblico
Un canon es el conjunto de libros que integran la Biblia según una tradición religiosa concreta, que los considera así divinamente inspirados y los distingue de otros textos que no se consideran revelados. Estas diferencias entre las distintas ramas del cristianismo se dan únicamente para el Antiguo Testamento, ya que todas las Biblias tienen el mismo número de libros en el Nuevo Testamento.
La Biblia Cristiana Ortodoxa consta de 1347 capítulos, la Católica Romana de 1329, y la Protestante de 1189; 260 de los cuales constituyen el Nuevo Testamento.
El primer canon es el Pentateuco, el cual se compone de los libros del Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio y contiene la Ley de Dios, que es el conjunto de los 613 preceptos del Judaísmo.
Dentro del Judaísmo surge disputa sobre el canon correcto. Un grupo religioso, los saduceos, sostiene que solamente conforma el canon de las Escrituras la Toráh o Pentateuco (la Ley), mientras que otros grupos también consideran las Escrituras de los Nevi'im (Profetas) y los Ketubím (los Escritos). Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., el grupo judío predominante fue el de los fariseos, que sí considera al canon como conformado por la Ley, los Profetas y los Escritos (Toráh, Nevi’im y Ketubím).
Así, a finales del siglo I el Judaísmo estableció en Yamnia (Yavne) como canon de sus libros sagrados aquellos que cumplieran tres requisitos: que hubiera una copia del libro en cuestión que se supiera que fue escrito antes del año 300 a. C. (cuando la helenización llego a Judea, con los problemas culturales y religiosos subsecuentes, y que pueden leerse en libros como los de los Macabeos o el de Daniel), que dicha copia estuviera escrita en hebreo o cuando menos arameo (no griego, la lengua y cultura invasora) y que tuviera un mensaje considerado como inspirado o dirigido al pueblo de Dios (con lo que también algunos libros que cumplían las dos características anteriores tuvieron que salir del canon).
En tiempos de Jesús de Nazaret era dominante la segunda opinión, la cual fue sostenida y transmitida por muchos cristianos hasta tiempos de la Reforma Protestante con la controversia de los libros deuterocanónicos. Esta controversia probablemente se originó precisamente por el hecho de que el Judaísmo había establecido su canon a fines del siglo I, con lo que para ellos ya no estaban presentes aquellos textos que sólo se encontrarían en griego (en la versión de la Biblia judía de los Setenta). Estos libros fueron precisamente los que se considerarían, posteriormente, como deuterocanónicos y que fueron aceptado tanto por cristianos como por ortodoxos.
La versión judía de la Biblia consta de 24 libros, con ciertas diferencias respecto a las Biblias cristianas. Algunas de ellas son:
• Los nombres de varios libros: Éxodo para el original Shemot; Levítico para Vaikra.
• La subdivisión en tres secciones: Tora (la Ley, el Pentateuco); Nevi'im, los Profetas Anteriores (Josué, Jueces, Samuel y Reyes) y Posteriores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y los 12 profetas menores); y Ketubím, los Escritos (Salmos, Proverbios, Daniel y los demás libros).
Actualmente, los libros que no son considerados canónicos por católicos y ortodoxos, reciben el nombre de libros apócrifos. A su vez esos mismos libros suelen ser denominados pseudoepígrafos por los protestantes, que, habitualmente, respetan también el nombre de Deuterocanónicos (literalmente, "del segundo canon") para aquellos que han recibido reconocimiento canónico de católicos y ortodoxos (en general, son libros escritos originalmente en griego, incluidos en la traducción al griego de la Biblia judía conocida como Septuaginta o de los LXX). No obstante algunas corrientes protestantes fundamentalistas insisten en conservar el nombre de apócrifos para los libros deuterocanónicos. Con todo, hay que señalar, que los primeros cristianos no usaban la Biblia hebrea, sino que usaban la Septuaginta o de los LXX por cuanto varios de los nuevos cristianos fueron judíos de cultura griega, como por ejemplo, Pablo de Tarso, San Esteban, y los evangelistas San Lucas y San Marcos.
Así pues, las versiones católicas de la Biblia constan de 73 escritos, en tanto que las versiones protestantes sólo contienen 66, debido a que ellos consideran que siete libros impresos en las versiones católicas (los deuterocanónicos) solo son "lectura edificante", pero no canoníca. Las versiones ortodoxas, por su parte, incluyen 76 libros en total. Además, la Iglesia Ortodoxa Etíope incluye como canónico en el Antiguo Testamento el Libro de Enoc, que no incluye ninguna de las otras corrientes cristianas ni el judaísmo.

La inclusión o exclusión de algunos de los libros

Biblia Cristiana
La Biblia es un libro usado por todos los cristianos, aún cuando no todos los grupos de cristianos la lean asiduamente. Las Biblias Cristianas están constituidas por escritos
hebreos, arameos y griegos, que han sido retomados de la Biblia griega, llamada Septuaginta, y del Tanaj hebreo-arameo, y luego reagrupados bajo el nombre de Antiguo Testamento. A estos se ha sumado una tercera serie de escritos griegos cristianos agrupados bajo el nombre de Nuevo Testamento. Distintos grupos cristianos han debatido largamente sobre la inclusión o exclusión de algunos de los libros de ambos Testamentos, surgiendo los conceptos de apócrifos y deuterocanónicos para hacer referencia a algunos de estos textos.
La comunidad judía actual reserva la expresión "Biblia Cristiana" para identificar sólo a los libros que han sido añadidos al Tanaj hebreo-arameo por el judaísmo tardío helenizante alejandrino, y luego por el cristianismo, y evita referirse a su Tanaj en términos de "Biblia", o de "Antiguo Testamento". Varias denominaciones cristianas incorporan otros libros en el Canon de ambos Testamentos.

Arqueología y coincidencias bíblicas

Arqueología y coincidencias bíblicas
Las investigaciones arqueológicas en la zona donde se desarrollan los hechos narrados en la Biblia tienen como un resultado añadido la comprobación de los hechos, lugares y personajes que aparecen citados en los diferentes libros que componen la Biblia. Incluso se ha llegado a crear el término de arqueología bíblica para denominar a una parte de la arqueología que se encarga de estudiar los lugares indicados en la Biblia.
Hay varios casos en que los descubrimientos arqueológicos han confirmado los hechos o personajes bíblicos. Entre esos descubrimientos se encuentran los siguientes:
• Destrucción de Jerusalén en el año 70. En 1970 el equipo de arqueólogos a las órdenes de Nahman Avigad descubrió en Jerusalén las ruinas de una casa quemada en la cual se hallaron unas monedas que situaban el escenario alrededor del año 70. La disposición de los objetos hallados así como el hallazgo de los restos de un cuerpo en disposición de huída dieron pie a la hipótesis que se debía a la destrucción de Jerusalén por las tropas romanas en el año 70, destrucción que figura como profecía realizada por Jesus en Lucas 19:43-44. Otra posible interpretación, dada por los partidarios de la datación tardía de este evangelio, sostiene que el mismo fue escrito con posterioridad a la destrucción y por tanto relata hechos ya sucedidos.
• El Rey Sargón II de Asiria. Este personaje que aparece en Isaías 20:1 no pudo ser confirmado hasta que en 1843 se descubrieron las ruinas de su palacio. Se hallaron escritos en los que se relatan las conquistas de las ciudades de Samaria y Asdod que aparecen también relatados en el libro de Isaías.
• Joaquín, rey de Judá. El descubrimiento de las tablillas de Babilonia permitió la confirmación de la existencia del rey Joaquín de Judá y sus cinco hijos que aparecían nombrados en los libros de 2a de Reyes y 1a de Crónicas.
• El sello de Yehujal. En 2005 la arqueóloga Eilat Mazar descubrió un sello de arcilla en el cual se nombraba Yehujal (Jehucal o Jucal) que fue un funcionario judío que es nombrado en el libro de Jeremías.
• Hallazgos en Nínive. En las excavaciones realizadas en la antigua ciudad de Nínive, capital de Asiria, se han hallado varias piezas que confirman relatos bíblicos. En el palacio de Senaquerib hay un bajorrelieve que muestra a las tropas asirias llevando cautivos a los israelitas tras la caída de Lakis, hecho relatado en el Segundo Libro de los Reyes. En las piezas conocidas como Anales de Senaquerib se relatan los hechos realizados durante el reinado de Ezequías. También es curioso cómo en el listado de ciudades conquistadas por los asirios no aparece Jerusalén, lo cual concuerda con el relato bíblico de que fueron
derrotados a sus puertas, al igual que se relata el asesinato de Senaquerib, que están incluidos en el Libro de Isaías.
• El Cilindro de Ciro. Se encontró en Sippar cerca de Bagdad, Iraq. Narra la conquista de Babilonia por Ciro el Grande. Algunos ven en los relatos de Isaías la profecía de la destrucción de Babilonia por Ciro. También en el cilindro se expone la política de Ciro de dejar volver a los pueblos deportados a su tierra de origen, tal y como sucedió con los israelitas.
• Recientemente se encontró al sur de Siria una piedra con la Estrella de David grabada, en la zona que la Biblia indica que estuvo la ciudad hebrea de Dan antes de la conquista asiria, lo que puede indicar que fue territorio hebreo o tenía algún contacto con Israel.

Conservación e integridad de la Biblia

Conservación e integridad de la Biblia
A pesar de las objeciones de algunos críticos, existen pruebas que avalan la afirmación de que gran parte de la Biblia se ha conservado sin cambios importantes hasta nuestros días. Quienes no están de acuerdo con estas afirmaciones apelan a circunstancias tales como traducciones de un idioma a otro, copiado de manuscritos, opiniones divergentes en dogmas y/o destrucción deliberada, la Biblia no ha llegado como un volumen completo. Hallazgos tales como los manuscritos del Mar Muerto han mostrado que, en gran parte, esto sucedió antes del Siglo I de nuestra era, aunque los textos encontrados allí y los conocidos hasta entonces, parecen presentar cambios menores.
Ha habido otros textos relevantes relacionados con la Biblia original, los escritos apócrifos hallados en Egipto (Nag Hammadi) y en Cisjordania (Qumrán, cerca del Mar Muerto), e incluso en países muy lejanos hacia el Sur y el Oriente. Estos han supuesto una nueva interrogante acerca de si ya estaría completo el canon bíblico, o habría que revisarlo de forma detallada.
Los defensores de la idea de que las escrituras bíblicas son fieles y están completas, se basan en la cantidad de copias idénticas que, desde tiempos remotos, se ha realizado de las mismas. Los copistas hebreos de las Escrituras fueron muy instruidos, los masoretas, que copiaron las Escrituras Hebreas entre los siglos VI y X, solían contar las letras para evitar errores. El erudito en la materia W. H. Green dice sobre las comparaciones entre textos antiguos y modernos ninguna otra obra de la antigüedad se ha transmitido con tanta exactitud.

Fuentes teológicas para cada religión

Fuentes teológicas
Fuente teológica es el término usado en teología para nombrar las fuentes de la argumentación en que se fundamenta este tipo de saber.
Para cada religión tales fuentes son distintas, de modo que en teología no hay nada parecido al consenso científico que suele haber en las ciencias que se someten al método científico. En el caso más extremo (no compartido por todas las religiones ni dentro de estas por todos los creyentes), el argumento de autoridad de la Iglesia tendría preferencia sobre la lógica o la experiencia. Considerar sagrados los textos o fuentes documentales de su saber, convierte en problemático el estudio crítico de las mismas fuentes, que en algunas religiones se consideran verdad revelada.
Algunas religiones, y desde luego todas las religiones primitivas, son fundamentalmente ritos y creencias apoyadas en la tradición oral y la costumbre, y sólo los mitos cumplirían propiamente el papel de fuente teológica. La comunicación de los hombres con el mundo
sobrenatural imaginado adquiere a veces formas de lo que se denomina profecía, que en algunas ocasiones da lugar a relatos que guían la actividad humana: es el caso de los oráculos del mundo griego clásico y de los libros sibilinos que la Sibila de Cumas vendió a los romanos. Muchas religiones (correspondientes a las zonas del mundo donde se alcanzó el desarrollo histórico ligado a la invención de la escritura) disponen de textos sagrados: el Libro de los muertos del Antiguo Egipto, la Epopeya de Gilgamesh en Sumeria (ambos precedentes de distintos relatos bíblicos), los Vedas del Hinduismo, o el Popol Vuh de los mayas, por ejemplo.
No obstante, existe una diferencia esencial entre las religiones monoteístas y las demás: consideran sus textos como revelación directa del único Dios y mecanismo para la salvación espiritual del hombre (aunque en grado diferente según la interpretación de cada variante). La expresión islámica gentes del libro para denominar a cristianos y judíos es suficientemente elocuente: Toráh, Biblia y Corán son

Fuentes teológicas en el cristianismo

Fuentes teológicas en el cristianismo
El principio protestante es el Sola Scriptura de Lutero: la Biblia es la única fuente teológica; no hay otra verdad revelada fuera de la que se contiene en la Biblia. El Sola Fides que pone la salvación del creyente únicamente en su fe en Jesucristo, le obliga a acercarse sin intermediarios a la Biblia, única regla de fe, y resolver sólo a través de ella todos los problemas de fe. Tampoco hay una autoridad que le obligue: existe un sacerdocio universal.
En el otro extremo los católicos sostienen que hay algunas verdades reveladas aparte de aquellas que aparecen en la Biblia: la Sagrada Tradición. Jesucristo estableció una institución para, a través de su Magisterio, interpretar la verdad revelada (Sagradas Escritura y Tradición), ponerla al alcance de todos y en todas partes, que es la Iglesia Universal (católica, en griego). El acceso de los fieles no orientados a versiones que no sean la oficial y convenientemente anotada de la Biblia está desaconsejada, y en algunos momentos perseguida. El Concilio de Trento fijó la Vulgata (traducción al latín de San Jerónimo) como la versión canónica, y se restringieron las traducciones a lenguas modernas, como la de Lutero al alemán. Fray Luis de León (que además de religioso era profesor universitario) fue procesado por traducir y comentar el Cantar de los Cantares. Hasta el siglo XX no se relajaron esas prevenciones.
Esos son los dos puntos principales de controversia entre los católicos y los protestantes tradicionales (los protestantes liberales se permiten cuestionar críticamente las fuentes teológicas, lo que para los otros es cuestionar la revelación). Las otras diferencias se conectan con esos dos puntos o se siguen de ellos, de modo diferente en las diferentes ramas del protestantismo (luteranismo, calvinismo, anglicanismo, etc.)
No existen diferencias tan radicales entre los católicos y el cristianismo oriental u ortodoxo, ya que ambas partes admiten la institución de la Iglesia por Jesucristo, su Magisterio, su autoridad, su infalibilidad e indefectibilidad (en mayor o menor grado). Las diferencias tocantes a las fuentes teológicas y su tratamiento son respecto a los sujetos de la autoridad (el Papa es Vicario de Cristo e infalible para los católicos, y sólo obispo de Roma para los ortodoxos) y la unidad orgánica del cuerpo docente, aparte de cuestiones dogmáticas.

Fuentes teológicas en el catolicismo

Fuentes teológicas en el catolicismo
En la constitución del saber teológico pueden indicarse su objeto, sus fuentes y su lugar. El objeto de la teología es Dios -de manera directa-, y el mundo y el hombre a la luz de Dios. Las fuentes del conocimiento teológico y sus criterios de verdad son la razón humana y la revelación divina, de manera privilegiada. El lugar de la teología es la Iglesia como comunidad de fe.
De aquí se deriva que la Iglesia tiene que poder establecer de forma autorizada criterios para la reflexión teológica. Según la Iglesia católica, la investigación y el trabajo teológico se inscriben dentro de un saber racional (y por eso reclaman para la teología el status de ciencia), cuyo objeto es dado por la revelación, es decir, la Palabra de Dios transmitida e interpretada por la Iglesia bajo la autoridad del Magisterio.
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Halel.Roberto Fonseca Murillo presenta una visión del contexto histórico de las sagradas escrituras y el Israel Bíblico. .

Bienvenido al Contexto del Judío y El Judaísmo Halel QUMRÁN :"La Historia es una sola que se entré teje con la economía , cultura, creencias y política y Di- la tiene el hueco de su Mano como la describe El Profeta Daniel ..y tú eres uno de sus dedos ..!
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JHV: Haga Resplandecer su Rostro sobre ti, Tenga de ti Miserícordia; Alcé Sobre ti su Rostro, Y ponga en ti Paz. Num.6.24-26

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